Washington hace sonar tambores de guerra con aliados reticentes

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La administración Biden sigue anunciando un ataque inminente de Rusia y su ‎‎“inevitable” derrota. Pero sus aliados no parecen muy convencidos. Por su parte, Rusia ‎vuelve a poner sobre la mesa las exigencias que hizo públicas el 17 de diciembre ‎de 2021 –como el respeto estricto del Derecho Internacional por parte de ‎Estados Unidos– y muestra al mundo su superioridad militar.

Ocupando la posición predominante en la escena, Estados Unidos, que sigue negándose a respetar ‎el Derecho Internacional –sobre todo la Carta de la ONU–, envió a Moscú un documento con ‎respuestas dilatorias a la proposición rusa de tratado con garantías de paz y se empeña en ‎agravar la tensión en Ucrania. Washington incrementó la tensión acusando a Rusia de estar ‎preparando una guerra. Entre bastidores, Washington prepara a la vez nuevos teatros de ‎enfrentamiento, en Europa (Transnistria) y en el Medio Oriente.‎

Desde el otro lado, Rusia ha desmentido constantemente las acusaciones de Estados Unidos y ‎ha respondido poniendo a prueba su propia superioridad militar. ‎

Estados Unidos está aplicando el plan de la RAND Corporation y trata de provocar un conflicto ‎en Transnistria [1]. El bloqueo impuesto a esa pequeña República independiente, pero ‎no reconocida, no está funcionando. A pesar de los guardafronteras ucranianos desplegados ‎bajo la supervisión del Alto Representante de la Unión Europea, Josep Borrell [2], la frontera moldava ‎se mantiene abierta. La presidente de Moldavia, Maia Sandu, desea que su país se convierta en ‎miembro de la Unión Europea y no quiere de ninguna manera una guerra en Transnistria. ‎La presidente de Moldavia no ha renunciado a recuperar Transnistria pero prefiere lograr que ‎el contingente ruso presente en ese territorio sea reemplazado por una misión civil de la ‎Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE). ‎

El sábado 12 de febrero, las autoridades de la autoproclamada República de Transnistria ‎solicitaron al encargado de negocios de Estados Unidos que cese del envío de armamento ‎estadounidense a Moldavia desde terceros países, subrayando en su petición que esos envíos de ‎armas amenazan la paz y contradicen acuerdos internacionales. ‎

El miércoles 12 de febrero, una delegación de Transnistria viajó a Moscú en busca de ayuda. Allí ‎subrayó que la apertura de la frontera moldava no durará mucho ya que el ejército moldavo, que ‎ahora recibe órdenes de oficiales del Pentágono, está desplegándose en la zona neutral, en ‎violación de los compromisos internacionales. ‎

El viernes 18 de febrero, las oficinas de la OSCE en Tiraspol –la capital de Transnistria– fueron sede de ‎un encuentro entre una delegación moldava y representantes de la pequeña República. Pero ‎las negociaciones abordaron sólo detalles. Ya no es posible salir de Transnistria con un vehículo ‎inmatriculado allí –las placas llevan símbolos de la secesión– y los conductores se ven obligados a ‎cambiar las placas en la frontera. También es imposible entrar en Transnistria llevando medicinas, ‎ni siquiera de primera necesidad. Sin explicar por qué, los aduaneros moldavos confiscan ‎todo tipo de medicamentos, bajo la mirada burlona de funcionarios de la Unión Europea. ‎

El ministro de Defensa de la Federación Rusa, general Serguei Choigu, fue ‎recibido en Damasco por el presidente sirio Bachar al-Assad.

Siria y Líbano

La tensión también se incrementa considerablemente alrededor de Siria y Líbano. Desde finales de octubre ‎de 2021, Estados Unidos y Turquía han reiniciado el reclutamiento de yihadistas entre las bandas ‎terroristas que aún mantienen bajo su protección en la gobernación siria de Idlib. Algunos de los ‎yihadistas reclutados han sido enviados a Ucrania pero la mayoría están destinados a ser ‎utilizados nuevamente contra Siria y contra el Hezbollah libanés. Sin embargo, ha podido saberse ‎que gran parte de esos elementos no valen mucho como combatientes, exceptuando a los que ‎siguen estando afiliados a al-Qaeda y al Emirato Islámico (Daesh). ‎

Tratando de dar cierta cohesión a esos elementos, la CIA organizó el reciente ataque contra la ‎cárcel de Hasake, donde los mercenarios kurdos en Siria tenían detenidos a 3 500 miembros de ‎Daesh. Los mercenarios kurdos sólo se prestaron al show y lo aprovecharon para clamar que ‎necesitan más armas y más apoyo de Estados Unidos para garantizar la custodia de esos ‎prisioneros. En todo caso, la mayoría de los yihadistas que se hallaban en la cárcel de Hasake ‎lograron huir y se unieron a la CIA. Posteriormente, los militares estadounidenses ilegalmente ‎desplegados en esa región de Siria trasladaron a varios jefes de Daesh, recapturados por ‎los mercenarios kurdos, hacia un lugar desconocido donde… la CIA estaba esperando por ellos. ‎O sea, aunque trata de aparentar otra cosa, la realidad es que Estados Unidos está ‎reorganizando Daesh. ‎

A la derecha, el nuevo “look” de Abu Mohammad al-Julani, el jefe de al-Qaeda en Siria, a ‎quien hoy se considera un individuo presentable. ‎

La reorganización de al-Qaeda se ha realizado de manera más visible. Abu Mohammad al-Julani, el ‎jefe de al-Qaeda en Siria y posteriormente emir del grupo terrorista Tahrir al-Sham, ha adoptado ‎un nuevo “look”. Los británicos lo vistieron con ropa occidental y le han enseñado a hablar ‎sin amenazar con cortarle la cabeza a quien no esté de acuerdo con él… pero sigue siendo el ‎jefe de al-Qaeda en Siria. ‎

En medio de todo ese contexto, el ministro de Defensa de la Federación Rusa, Serguei Choigu, ‎viajó a Damasco, el 15 de febrero, y el ministro ruso de Exteriores, Serguei Lavrov, también llega ‎a la capital siria el lunes 21 de febrero. ‎

En Líbano, el secretario general del Hezbollah, Hassan Nasrallah, confirmó a la televisora iraní Al-‎Alam que esa organización de la resistencia libanesa está en posesión de medios de defensa antiaérea ‎‎ [3] que le permiten proteger su país frente a la aviación israelí, la cual viola diariamente el espacio aéreo ‎libanés. El Hezbollah reveló también que uno de sus drones sobrevoló Israel sin ser detectado. ‎Poco antes, la fuerza aérea siria y aviones rusos habían iniciado vuelos de patrulla sobre el Golán ‎sirio ilegalmente ocupado por Israel.‎

El antes consejero del vicepresidente Joe Biden, Jake Sullivan es actualmente consejero de ‎seguridad del ahora presidente de Estados Unidos.‎

Ucrania

Para entender bien lo que está en juego en Ucrania, hay que retroceder unos días en el tiempo.‎

El 11 de febrero, el presidente estadounidense Joe Biden convocó una videoconferencia con sus ‎principales aliados y les anunció una “invasión inminente” de Ucrania por parte de Rusia. ‎La agencia Bloomberg reportó que la inteligencia estadounidense anunciaba que dicha invasión ‎tendría lugar durante la noche del 15 al 16 de febrero. Biden explicó a sus aliados que si Rusia ‎invadía Ucrania ese paso le costaría caro y que Estados Unidos… y sus aliados… estaban listos. ‎

Antes de que Biden iniciara son speech, Rusia había anunciado que comenzaba a retirar sus ‎tropas de Bielorrusia y de la frontera ucraniana, después de haber terminado allí sus ejercicios ‎militares, pero Washington no había tenido tiempo de verificarlo. Moscú aseguraba que elementos de ‎la OTAN estaban preparando una provocación, acusación que el Pentágono había emitido ‎contra Rusia hace varias semanas. En todo caso para los occidentales se hacía cada vez más ‎difícil seguir acusando a Moscú de querer invadir Ucrania, ‎

El 15 de febrero, la Duma de Estado (la cámara baja de la Asamblea Federal de Rusia) aprobó –por ‎proposición del Partido Comunista– una resolución que solicita al presidente Putin reconocer la ‎independencia de las Repúblicas Populares proclamadas en Donestsk y Lugansk. En otros ‎términos, si Ucrania aprovechara la retirada de las fuerzas rusas para atacar el Donbass, Rusia ‎reconocería la independencia de ambas repúblicas y estaría obligada a intervenir ya que, en virtud de la Constitución de la Federación Rusa, su presidente es responsable de la vida de los ‎ciudadanos rusos y la mayoría de los habitantes del Donbass ostentan actualmente ‎‎3 nacionalidades: la ucraniana, la de las repúblicas independentistas y la nacionalidad rusa. ‎

El mismo 15 de febrero, el presidente Putin recibió en Moscú al canciller alemán ‎Olaf Scholtz. Como el encuentro con el presidente francés Macron, la reunión entre el presidente ‎Putin y el canciller Scholtz fue particularmente larga. Al parecer, Putin describió al visitante ‎alemán lo sucedido durante la visita de la subsecretaria de Estado estadounidense Victoria ‎Nuland en el Kremlin. Estupefacto ante lo que oyó, el canciller alemán –al igual que ‎el presidente francés– evitó cuidadosamente toda declaración contra Rusia a su regreso a ‎Berlín. Lo mismo sucedió el 19 de febrero durante el encuentro entre el presidente Putin y ‎el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro.‎

Pasó la noche del 15 al 16 de febrero… y Rusia no invadió a nadie. En Washington, la prensa ‎estadounidense pidió al consejero de seguridad Jake Sullivan que explicara por qué había señalado ‎esa fecha. Sullivan simplemente sostuvo que nunca mencionó una fecha precisa para la “invasión ‎rusa”. ‎

El 17 de febrero, el secretario de Estado Antony Blinken se presentó en la sala del Consejo ‎de Seguridad de la ONU. Acusó a Rusia de «violaciones persistentes» de los acuerdos ‎de Minsk… cuando en realidad es Kiev quien ahora los rechaza. Blinken aseguró que su ‎intervención era para defender «el orden internacional basado en reglas que preservan la ‎estabilidad en el mundo»… o sea no el Derecho Internacional sino el derecho de las potencias ‎occidentales. Y entonces reveló el plan escondido del Kremlin:


«Rusia planea fabricar un pretexto para su ataque. Podría tratarse de un acontecimiento ‎violento cuya responsabilidad Rusia atribuiría a Ucrania, o una acusación aberrante que ‎Rusia lanzará contra el gobierno ucraniano. No sabemos exactamente qué forma tomará ‎eso. Podría tratarse de un atentado con bomba “terrorista” dentro de Rusia, del supuesto ‎descubrimiento de una fosa común, de un ataque con drones montado contra civiles o de ‎un falso –o incluso verdadero– ataque con armas químicas. Es posible que Rusia califique ‎ese acontecimiento de limpieza étnica o de genocidio, menospreciando así un concepto ‎que nosotros no tomamos a la ligera en el seno de esta instancia, y que yo mismo ‎no tomo a la ligera debido al pasado de mi familia.»‎

El filósofo Leo Strauss enseñó a sus discípulos más cercanos que para evitar ‎una nueva Shoa es necesario instaurar una dictadura mundial. Leo Strauss fue el formador de ‎los principales líderes del Proyecto para el Nuevo Siglo Estadounidense (PNAC). ‎

Con esa referencia incidental, Blinken se refería a Samuel Pisar, esposo en segundas nupcias de la ‎madre del hoy secretario de Estado. Samuel Pisar, quien educó a Blinken en París, fue un ‎sobreviviente de la «Solución Final de la cuestión judía». Pero Samuel Pisar no estaba ‎lleno de odio, sólo desarrolló una conciencia aguda sobre el Mal. Se convirtió en consejero del ‎presidente estadounidense John F. Kennedy y posteriormente en abogado internacional de ‎grandes compañías. Pisar no aceptaba los conceptos de Leo Strauss, quien creía indispensable ‎que el pueblo judío instaurase una dictadura mundial para protegerse de «una nueva Shoa». ‎Samuel Pisar –fallecido en 2015– se quedaría seguramente aterrado ante la evolución de su hijo ‎de crianza y del grupo que el propio Blinken ha conformado con su subsecretaria, Victoria Nuland, ‎y con el consejero de seguridad nacional Jacob “Jake” Sullivan. ‎

La OSCE confirma una reanudación de combates en el Donbass. Elementos del ejército ucraniano ‎dirigidos por Estados Unidos, probablemente el batallón Azov, están cañoneando a los ‎separatistas. Los presidentes de las dos Repúblicas Populares proclamadas en el Donbass han ‎llamado sus conciudadanos a la movilización general –en el caso de los hombres de 18 a 55 años– ‎y exhortaron a las mujeres, niños y ancianos que viven cerca de la línea de contacto a buscar ‎refugio en el exterior. Rusia expresó inmediatamente su voluntad de acoger a todos los ‎evacuados. Las diferentes regiones de la Federación Rusa están anunciando, una tras otra, la ‎creación urgente de estructuras para recibirlos. El Estado federal ruso ha decidido asignar a cada ‎refugiado algo de dinero para ayudarlos a instalarse temporalmente. ‎

El Departamento de Estado, que hace semanas conminó los ciudadanos estadounidenses a salir de ‎Ucrania, interpreta ese desplazamiento de los civiles del Donbass como una prueba de que Rusia ‎prepara «el ataque». Las partes hacen interpretaciones opuestas de cualquier nueva ‎información. ‎

Negándose a tomar partido, Israel ha renunciado a instalar para Kiev su sistema antiaéreo ‎‎“Cúpula de Hierro” frente a los pobladores del Donbass. ‎

La subsecretaria de Estado Victoria Nuland, esposa de Robert Kagan, ‎fundador del Proyecto para el Nuevo Siglo Estadounidense (PNAC), viaja por el mundo ‎advirtiendo a todos sobre el “peligro ruso”. La semana pasada estaba en Colombia. ‎

El 18 de febrero, el presidente Biden se dirigía a su vicepresidente, Kamala Harris, y a los ‎parlamentarios estadounidenses que representan a Estados Unidos en la Conferencia de ‎Seguridad de Munich. Después convocó nuevamente a sus principales aliados transatlánticos, ‎otra vez por videoconferencia, se jactó de haber retrasado el ataque ruso y acusó a Moscú de ‎persistir en sus planes. Biden volvió a afirmar que todos los miembros de la OTAN estaban listos y ‎que si Rusia pasa a la acción le darán una lección. ‎

El presidente Putin respondió con una demostración de las capacidades de las fuerzas nucleares de ‎la Federación Rusa. Las fuerzas armadas rusas dispararon misiles de alcances diferentes, desde ‎plataformas terrestres, desde un submarino, desde unidades navales de superficie y desde aviones. ‎Todos los misiles portaban cargas convencionales y todos alcanzaron los blancos designados, ‎en presencia de observadores extranjeros, entre los cuales había un oficial estadounidense. ‎

Estados Unidos recurre a las palabras para incrementar la tensión y Rusia responde con actos. ‎En ese sentido, repetimos aquí lo que ya hemos señalado antes: los ejércitos de Estados Unidos son ‎incapaces de librar una guerra de alta intensidad. Pueden destruir fácilmente países del Tercer ‎Mundo –después de haberlos puesto bajo embargo durante al menos 10 años– pero no están ‎preparados para enfrentarse a un ejército moderno. Sus principales aliados –Reino Unido, Francia ‎y Turquía– están en la misma situación. ‎

Por ejemplo, el 16 de febrero, la Comisión de Defensa Nacional y Fuerzas Armadas de la Asamblea ‎Nacional de Francia asistió a la presentación de un informe sobre el lastimoso estado de las ‎fuerzas militares francesas. Los diputados autores del informe observaron que, debido al estado ‎de sus aparatos, la fuerza aérea francesa no resistiría más de 5 días ante una embestida rusa. ‎Por consiguiente, todos los protagonistas deben tenerlo muy claro: la OTAN no está ‎en condiciones de enfrentarse a Rusia y a China en una guerra “de verdad”. ‎

Así que Estados Unidos no logró imponer un ambiente marcial en la conferencia de Munich. ‎Los europeos estaban más bien irritados ante las fuertes presiones de la Casa Blanca. En su ‎intervención, el canciller alemán Scholtz habló con voz monocorde y evitando hacer ‎declaraciones comprometedoras. Todos los presentes en la sala sabían que –extrañamente– ‎acaba de reactivarse la investigación sobre un sórdido asunto en el que Scholtz se vio implicado ‎durante su mandato como alcalde de Hamburgo. Muchos imaginan que el ahora canciller alemán ‎está sujeto a un chantaje. Y el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, fue centro de ‎todo tipo de atenciones en Munich. El hombre no paraba de pedir ayuda, probablemente más ‎para enfrentar a Washington que frente a Rusia. ‎

El antes consejero del vicepresidente Joe Biden, Jake Sullivan es actualmente consejero de ‎seguridad del ahora presidente de Estados Unidos.‎

Conclusión provisional

Siempre es posible el estallido de un enfrentamiento en Ucrania, en Transnistria o en el Medio ‎Oriente. Pero sigue sin respuesta la pregunta inicial, planteada por Rusia el 17 de diciembre ‎de 2021: ¿Cómo pueden Estados Unidos y la OTAN adaptarse al respeto estricto del Derecho ‎Internacional y al respeto de la palabra dada?‎

Por primera vez, dos grandes medios alemanes –Der Spiegel y Die Welt– mostraron que Rusia ‎tiene razón cuando reclama que se prohíba la expansión de la OTAN hacia el este basándose en ‎la promesa hecha a los líderes soviéticos [4]. ‎

Citando a un reconocido experto en ese tema –el profesor Joshua Shifrinson de la Universidad de ‎Boston–, los importantes diarios alemanes Der Spiegel y Die Welt revelaron la semana ‎pasada la existencia de un documento, con fecha del 6 de marzo de 1991, que acaba de salir de ‎los archivos secretos del Reino Unido. En ese documento, el representante de Alemania declara: ‎

«No podemos proponer a Polonia y a los demás países que se hagan miembros de ‎la OTAN.»‎

Y el representante de Estados Unidos subraya que la OTAN no va a extenderse hacia el este ‎‎«ni formal ni informalmente». ‎

Como si eso no bastara, el ex secretario alemán de Estado para la Defensa y ex vicepresidente ‎de la OSCE, Willy Wimmer, abordó la cuestión en una entrevista concedida a la televisora RT, ‎entrevista que inmediatamente se tradujo al inglés y que se difundió en Estados Unidos incluso ‎antes de transmitirse en alemán. En esa entrevista Willy Wimmer recuerda que él participó en las ‎negociaciones y declara que redactó personalmente el Protocolo adicional que prohibía la ‎presencia de tropas de la OTAN en el territorio de la antigua Alemania oriental después de la ‎reunificación alemana [5]. ‎

Se plantea entonces la siguiente interrogante:
¿Por qué la administración Biden, aun sin contar ‎con el respaldo de sus aliados, sigue lanzando acusaciones contra Rusia, agravando así el peligro ‎de provocar una deflagración?‎

Es posible que la investigación iniciada en Estados Unidos por el procurador especial John ‎Durnham sobre las escuchas ilegales de la Casa Blanca venga a precipitar las cosas. Según Fox News, el procurador Durham sospecha que Hillary Clinton espió al presidente Trump en la Casa ‎Blanca, y también en su domicilio privado, interceptando y recogiendo todos sus datos de ‎navegación en internet [6]. Esa operación de espionaje político parece haber sido organizada por el ‎entonces consejero de Hillary Clinton en política exterior, Jake Sullivan, actualmente consejero de ‎seguridad nacional del presidente Joe Biden. ‎

Los datos ilegalmente obtenidos durante esa operación fueron manipulados e ‎utilizados para montar contra Donald Trump el famoso «Rusiagate» y justificar la apertura en ‎el Congreso de un procedimiento de «impeachment» para sacarlo de la Casa Blanca antes del ‎fin de su mandato presidencial. ‎

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