Sudamérica lidera la carrera mundial de la vacunación

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Las primeras noticias aparecieron en diciembre: América del Sur, con sus malabares diplomáticos y presupuestarios para acceder a las vacunas, sus tasas alevosas de mortalidad por covid, sus cuarentenas eternas y su polarización, se había posicionado en el primer lugar del mundo en porcentaje de población total vacunada, un puesto que sigue manteniendo hasta estos días. Según las estadísticas de Our World in Data actualizadas al 5 de enero, Sudamérica tiene un 76% de personas vacunadas con al menos una dosis y un 64% con el esquema completo, por encima de Europa (66% y 62%) y de Estados Unidos (74% y 62%), por utilizar como ejemplos una región y un país que aventajan largamente al Cono Sur en disponibilidad y acceso a las vacunas.

Argentina: la tradición y la Sputnik

Argentina ha aplicado casi 78 millones de vacunas contra el coronavirus, la segunda mayor cifra de Sudamérica después de Brasil. El 84% de la población tiene al menos una dosis, el 72,9% tiene dos y un 14% ya ha recibido una tercera de refuerzo. Los movimientos antivacunas son minoritarios en el país y no están organizados. Aunque al Gobierno le ha costado llegar al 16% que aún no se ha vacunado, los altos porcentajes de aplicación tienen que ver con una arraigada cultura sanitaria. Los bebés reciben su primera vacuna minutos después de nacidos; cuando crecen, no pueden ingresar al sistema educativo si no presentan el carnet que demuestra que tiene las dosis obligatorias aplicadas. “Tenemos un calendario de vacunación de los más completos de América Latina”, explica una fuente del Gobierno argentino. “La vacunación es algo que la población de nuestro país tiene incorporada culturalmente. Además de eso, el antecedente de la gripe N1H1 también sirvió como experiencia para introducir en el calendario normal de vacunación algo fuera de lo normal”, como las dosis contra la covid-19.

Garantizar las dosis fue, sin embargo, un camino cuesta arriba. Meses después del inicio de la pandemia, Argentina celebró como un gran triunfo el acuerdo con Astrazeneca para producir millones de dosis junto con México. Pero las cosas no salieron como se esperaban y, cuando ya era evidente que el contrato no podría cumplirse (México argumentó que no conseguía en el mercado los suministros necesarios para cumplir con su parte), la Casa Rosada optó por la vacuna rusa Sputnik V. Argentina fue de los primeros países en aprobar el uso del vial ruso, lo que le permitió iniciar la aplicación de la vacuna a finales de diciembre de 2020. La apuesta por Moscú le valió al Gobierno de Alberto Fernández duras críticas de la oposición conservadora, que lo acusó de desplazar a laboratorios estadounidenses como Pfizer por cuestiones ideológicas. Un año después de aquellos debates, el suministro está normalizado y no faltan vacunas en el país. El ministerio de Salud hoy tiene en stock 17 millones de dosis de seis laboratorios diferentes.

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