SALTATEVE.COM

ARGENTINA

La Argentina padece el virus de la corrupcion, dijo el arzobispo de Cordoba

“La corrupción hace llamar bien al mal y mal al bien, animando al que cede a ese vicio a obrar en consecuencia. El profeta Isaías ya denunciaba este mismo mal en el antiguo Israel. ¡Por tanto, no somos originales!”.

¿Compartís la nota?

La Argentina padece el virus de la corrupcion, dijo el arzobispo de Cordoba

Al celebrar la misa del domingo el arzobispo de Cordoba, se refirio al "otro virus mas grave que padecemos los argentinos: el virus de la corrupcion El arzobispo de Córdoba, monseñor Carlos José Ñáñez, celebró la misa del 17° domingo durante el año, el 19 de julio, en la parroquia Nuestra Señora del Carmen y su Inmaculado Corazón de la ciudad de Córdoba. En su homilía, el prelado se refirió a la parábola del trigo y la cizaña del Evangelio, y la comparó con algunas situaciones que nos tocan vivir en nuestra Patria: “En nuestra Argentina, desde hace ya muchos años, padecemos otro virus tan o más grave –que el coronavirus–, el virus de la corrupción”, afirmó y prosiguió: “La corrupción hace llamar bien al mal y mal al bien, animando al que cede a ese vicio a obrar en consecuencia. El profeta Isaías ya denunciaba este mismo mal en el antiguo Israel. ¡Por tanto, no somos originales!”. Sobre esto dijo que el drama argentino es “que por momentos pareciera que no hay disposición de luchar contra este virus de la corrupción. Es como si nos afectara la ceguera o la sordera, de la que hablaba Jesús el domingo pasado, citando también al profeta Isaías”, sostuvo monseñor Ñáñez. En este sentido, mencionó que para luchar con esto “debe haber una decidida y constante reacción personal: no transar con la mentira, no pactar con el mal, no aceptar los ‘escándalos’ de los que habla Jesús. No aprobar lo que es incorrecto, ilegal, no festejar de ningún modo al que obra de esa manera. Más bien, se trata de ‘ahogar el mal en abundancia de bien’, como nos decía san Juan Pablo II, en su visita a Córdoba en abril de 1987”, recordó. Por eso, recomendó “una decidida voluntad personal y social de oponerse a la corrupción”, sin buscar “sacar ventajas de la corrupción”. Por el contrario, “se debe forjar entre todos un clima común que impulse y anime a vivir en la verdad y a practicar el bien, tanto en las cosas pequeñas como en las grandes e importantes”, añadió monseñor Ñáñez.